
Solo un 11,3% de españoles, no dispone de una vivienda en propiedad
Nada me gustaría más que fuese verdad, la encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el que señala que más de la mitad de los españoles –el 55%- han pagado totalmente su vivienda.
Y es que a los bancos de este país, les debe entrar la risa cuando leen que “el 26,6% de los españoles tiene una vivienda en propiedad pero todavía siguen pagando una hipoteca.” El 11,3% vivimos en pisos, propiedad de ese 55 o 26,6%, respectivamente. Finalmente, hay un 7,1% de personas que no se sabe muy bien, sí tienen su piso en propiedad, sí la vivienda es del banco, o sí viven de alquiler.
Podríamos dar la vuelta a la encuesta realizada por el CIS: “Solo un 11,3% de españoles, no dispone de una vivienda en propiedad.”
Lo que a mi me gustaría saber, es que criterios han seguido para obtener tan beneplácitos resultados, y es que uno ya no se cree todo lo que nos cuentan las encuestas del CIS.
Es más, os puedo asegurar que si ellos dicen blanco, yo apuesto por el negro con todas sus consecuencias.
Al menos, según la encuesta, todavía queda un 65% de españoles que pensamos que el Estado dedica muy pocos recursos o ayudas en materia de vivienda.
¿Planes Generales o particulares?
Profundizando en el modelo final de ciudad que un Plan General había adoptado, y viéndola desde una perspectiva puramente subjetiva, madure la importancia que tiene, no hipotecar el futuro de las generaciones que vienen.
Es cierto, que escoger entre un modelo u otro de ciudad, supone el asumir un coste, que en ocasiones puede ser profesional, político, o incluso personal. Ejemplos, nos sobran.
Madrid, Barcelona, Sevilla, son ciudades que a lo largo de largo de la historia han crecido con todo aquello que formaba parte integrante de su espacio: la acción y el carácter de quienes las habitan, sus Leyes y Derecho, condiciones físicas y geográficas del medio, factores ambientales, religiosos, arquitectónicos, etc.
Todos estos elementos, han contribuido, en mayor o menor medida, a una mayor calidad de vida de las personas que habitamos las ciudades. Por tanto, el uso y disfrute de un bien tan preciado y limitado como el suelo, debería obligarnos, a un uso racional del mismo.
La casa de mis sueños
En algunas ocasiones eso de la publicidad engañosa nos ha pasado a todos más de una vez pero no siempre es así. En otras, una incorrección gramatical o simplemente que leemos sin prestar la debida atención nos puede llevar a error.
Sin ir más lejos, el otro día, recopilando información en la red, preste atención a un anuncio de una promotora inmobiliaria que anunciaba pisos de obra nueva con contrato de arrendamiento durante siete años, con posibilidad de ejercer el derecho de opción de compra transcurrido dicho periodo.
El piso en cuestión no estaba nada mal. Doblaba con creces la llamada "solución habitacional" de la Sra. Trujillo, 70 metros cuadrados, compuesto por: dos habitaciones, salón, cocina, baño, trastero, plaza de garaje, zonas verdes y piscina. Localización: ARPO, Pozuelo. Inmejorable.
No dispongo ni para la entrada del piso pero de alguna forma lo obtendré. Además, tampoco será tanto eso de dedicar el 80% del sueldo durante no se cuanto tiempo. Yo soy un tío curtido en mil batallas. Espíritu de pobreza, sacrificio, afán de superación.
Ya está, pensé que esa misma tarde me iba al IKEA. Cogí el teléfono y llamé con el objeto de informarme.
Era verdad y además todavía quedaban pisos libres. Pero, ¿cuantos años tienes? me preguntaban desde el otro lado del teléfono. Treinta y un años, conteste. No es posible, lo sentimos pero hay que ser menor de treinta y cinco años en el momento de la celebración del contrato de arrendamiento. Se espera que la construcción de las viviendas finalice en el plazo de cinco años. Te quedas fuera. Pero, ¿no conocerás a una persona de tu confianza menor que tu dispuesta a realizarte un favor.....?
Como subirse al dolar
Todavía no salgo de mi admiración con lo que me contaban hoy las responsables de Prensa de un conocido Ayuntamiento cercano a Madrid.
La cosa tiene su miga. Por eso no deja de ser anecdótico el nombre con el que bautizaron en su día al susodicho asunto: ‘Cómo subirse al dólar’
Corría el año 1991 y yo no era más que un adolescente. Los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición de Sevilla centraban la actualidad política y deportiva de los españoles. Eran, sin duda alguna, tiempos de bonanza. En este país no se reparaba en gastos de ninguna clase.
El caso es, que por aquel entonces, el Ministerio de Obras Públicas y Carreteras, hoy Ministerio de Fomento, estaba inmerso en la ejecución de una de las principales arterias que rodean la ciudad de Madrid. Para ello, era necesario expropiar unos terrenos por los que cruzaría la vía.
Sabemos que los distintos Ministerios, tienen asignadas cada año unas partidas presupuestarias con las que hacer frente a las distintas inversiones, y gastos, que en el ejercicio de sus funciones públicas les compete. Por lo que a la hora de desembolsar para gastos de tal naturaleza, suelen ser más que reticentes.
Que decir, que si dado el caso de que una carretera necesite discurrir por las tierras heredadas del abuelo, no quedemos conformes con lo que realmente nos corresponde. De ahí, que no resulta del todo factible llegar a un arreglo con la Administración, cuanto menos lucrativo para nuestros intereses.
En un alarde de habilidad e imaginación, que uno no sabe muy bien a quién atribuir, suscribieron un convenio pionero a tres partes: Ministerio, Ayuntamiento y particulares. En el llegaron al acuerdo, en que los propietarios de los terrenos a expropiar recibirían como pago del justiprecio aprovechamiento, que a grosso modo, consiste en la posibilidad de materializar el derecho a edificar, para que llegado el caso en que aquellos terrenos colindantes a la vía se desarrollasen, percibieran como indemnización dicho derecho.
Al cabo de más de diez años, el Plan General del municipio, califico aquellos terrenos como urbanizables. Los propietarios de los terrenos expropiados, tardaron más de una decada en cobrar lo reconocido en el convenio. Claro está, que no a precio de rústico. Por cierto, con unos frutos muy dulces.
José María Cuevas y su chófer
“Cuevas advierte sobre el actual modelo económico demasiado basado en el endeudamiento para comprar una vivienda”. Con este titular encabeza ‘El Confidencial.com’ una de sus noticias del día y, desde luego, una de las que leí con sumo interés. El Presidente de la C.O.E, José María Cuevas, considera que una subida de los tipos de interés o de los precios de la energía “podría dar al traste con un modelo demasiado basado en el endeudamiento para comprar viviendas y para consumir”.
Lo cierto es que todavía no acabo de creérmelo. Después de tantos años transcurridos bajo la llamada “burbuja inmobiliaria” para la cual atesoramos “complejas definiciones y soluciones ninguna”, Cuevas, Presidente de los empresarios, cae en la cuenta que una pequeña subida de los tipos de interés así como del petróleo puede llevarnos a los españolitos de a pie a la ruina económica. Tal vez sería menos absurdo plantearse la cuestión a la inversa: la ruina económica sería más leve si los tipos bajaran.
Lo que no llego debidamente a entender es cómo él solito ha podido llegar a tan inteligente conclusión. Algunos dirán que lo podría haber dicho antes. Para ello no se requiere ninguna clase de título ni de doctorado. Tampoco es necesario haber realizado un MBA de estos que ahora se prodigan tanto.
Así, esa fuente de información privilegiada solo se la ha podido facilitar una persona de su confianza. Es decir, un común de los mortales con una estructura económica y familiar muy parecida a la nuestra para los cuales dichas subidas no dejan de ser más que “anecdóticas”.
Y esa persona de confianza no podía ser otra que su chófer, con el cual comparte cada día, entre atasco y atasco, en ‘petit comité’, la actualidad de la prensa rosa, de la Liga, y de todo aquello que se precie de ser de interés público nacional. Es por eso que tal conclusión mediática me hace pensar que el señor Cuevas disfruta de una distribución económica distinta a la de cualquier ciudadano hipotecado y, por ello, las subidas de los tipos no le afectan.
Y claro está, de las hipotecas te acuerdas a primeros de mes. Al menos durante treinta años, por lo que, ya podéis imaginaros la cara de Cuevas. Aquella clase magistral de economía doméstica merece un reconocimiento público y un incentivo económico.
Mensaje de Bienvenida
Hola, mi nombre es Jaime Pascual y soy abogado urbanista. Gracias a la posibilidad que me ofrece este blog, os narraré las distintas ocurrencias, anécdotas, sucesos, noticias e impresiones personales que me suceden, en el día a día, en el particular mundo de la actualidad urbanística e inmobiliaria.