Como subirse al dolar
Todavía no salgo de mi admiración con lo que me contaban hoy las responsables de Prensa de un conocido Ayuntamiento cercano a Madrid.
La cosa tiene su miga. Por eso no deja de ser anecdótico el nombre con el que bautizaron en su día al susodicho asunto: ‘Cómo subirse al dólar’
Corría el año 1991 y yo no era más que un adolescente. Los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición de Sevilla centraban la actualidad política y deportiva de los españoles. Eran, sin duda alguna, tiempos de bonanza. En este país no se reparaba en gastos de ninguna clase.
El caso es, que por aquel entonces, el Ministerio de Obras Públicas y Carreteras, hoy Ministerio de Fomento, estaba inmerso en la ejecución de una de las principales arterias que rodean la ciudad de Madrid. Para ello, era necesario expropiar unos terrenos por los que cruzaría la vía.
Sabemos que los distintos Ministerios, tienen asignadas cada año unas partidas presupuestarias con las que hacer frente a las distintas inversiones, y gastos, que en el ejercicio de sus funciones públicas les compete. Por lo que a la hora de desembolsar para gastos de tal naturaleza, suelen ser más que reticentes.
Que decir, que si dado el caso de que una carretera necesite discurrir por las tierras heredadas del abuelo, no quedemos conformes con lo que realmente nos corresponde. De ahí, que no resulta del todo factible llegar a un arreglo con la Administración, cuanto menos lucrativo para nuestros intereses.
En un alarde de habilidad e imaginación, que uno no sabe muy bien a quién atribuir, suscribieron un convenio pionero a tres partes: Ministerio, Ayuntamiento y particulares. En el llegaron al acuerdo, en que los propietarios de los terrenos a expropiar recibirían como pago del justiprecio aprovechamiento, que a grosso modo, consiste en la posibilidad de materializar el derecho a edificar, para que llegado el caso en que aquellos terrenos colindantes a la vía se desarrollasen, percibieran como indemnización dicho derecho.
Al cabo de más de diez años, el Plan General del municipio, califico aquellos terrenos como urbanizables. Los propietarios de los terrenos expropiados, tardaron más de una decada en cobrar lo reconocido en el convenio. Claro está, que no a precio de rústico. Por cierto, con unos frutos muy dulces.
La cosa tiene su miga. Por eso no deja de ser anecdótico el nombre con el que bautizaron en su día al susodicho asunto: ‘Cómo subirse al dólar’
Corría el año 1991 y yo no era más que un adolescente. Los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición de Sevilla centraban la actualidad política y deportiva de los españoles. Eran, sin duda alguna, tiempos de bonanza. En este país no se reparaba en gastos de ninguna clase.
El caso es, que por aquel entonces, el Ministerio de Obras Públicas y Carreteras, hoy Ministerio de Fomento, estaba inmerso en la ejecución de una de las principales arterias que rodean la ciudad de Madrid. Para ello, era necesario expropiar unos terrenos por los que cruzaría la vía.
Sabemos que los distintos Ministerios, tienen asignadas cada año unas partidas presupuestarias con las que hacer frente a las distintas inversiones, y gastos, que en el ejercicio de sus funciones públicas les compete. Por lo que a la hora de desembolsar para gastos de tal naturaleza, suelen ser más que reticentes.
Que decir, que si dado el caso de que una carretera necesite discurrir por las tierras heredadas del abuelo, no quedemos conformes con lo que realmente nos corresponde. De ahí, que no resulta del todo factible llegar a un arreglo con la Administración, cuanto menos lucrativo para nuestros intereses.
En un alarde de habilidad e imaginación, que uno no sabe muy bien a quién atribuir, suscribieron un convenio pionero a tres partes: Ministerio, Ayuntamiento y particulares. En el llegaron al acuerdo, en que los propietarios de los terrenos a expropiar recibirían como pago del justiprecio aprovechamiento, que a grosso modo, consiste en la posibilidad de materializar el derecho a edificar, para que llegado el caso en que aquellos terrenos colindantes a la vía se desarrollasen, percibieran como indemnización dicho derecho.
Al cabo de más de diez años, el Plan General del municipio, califico aquellos terrenos como urbanizables. Los propietarios de los terrenos expropiados, tardaron más de una decada en cobrar lo reconocido en el convenio. Claro está, que no a precio de rústico. Por cierto, con unos frutos muy dulces.

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